Me imagino a Baricco trabajando. Es un cuarto chico, iluminado sólo por una ventana (¿al mar?). Él sólo existe para la máquina de escribir y el universo que de allí nace.

Escribe con ritmo, con tiempos, con espacios, con silencios.

Se lee "entonces ella le tomó la cara..." y la música, que apenas me doy cuenta acompaña la escena, entra en un movimiento mezzo. Pero, conforme empieza a subir la escena, el tempo crece hacia un forte y de golpe caigo en cuenta: la música que se escucha son sólo los teclazos del escritor en la máquina.


Estoy, desde hace algunos días, leyendo (y en gran parte releyendo) "Océano Mar", definitivamente entra derechito a mi top 3. Con sólo leer las primeras 4 páginas se entiende el texto anterior. Quien ya lo haya leído, no me dejará mentir.