Este fin de semana la vida nos jugó muy chueco a muchos. Sin permitir que ningún dejo de lógica tocara el asunto, tuvo a mal llevarse a una gran persona, uno de esos amigos que de la nada se convierten en tu hermano. Lo que deja el carrusel de emociones que estas situaciones traen consigo es una mezcla de encabronamiento e impotencia, viles ambas.

Quien lo conoció no me dejará mentir que a muy pocas personas como a él, les podría creer como propio lo que Amado Nervo escribió, verso a verso. Y hoy ante la completa falta de ganas de escribir me quedo sólo con esto, que cierta paz deja:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas. ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas noches de mis penas; mas no me prometiste tú sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Muchas gracias por todo cabrón. Alguna vez te lo dije a la cara, mas ahora sé que no fue suficiente. Gran ciudadano de un mundo que terminó quedándote chico. A ti en particular no sé si desearte descanso o puro buen rock donde quiera que estés. Te vamos a extrañar en serio.

Por cierto, mientras escribo esto me estoy tomando la botella de Tequila (Cazadores, como habíamos quedado) que había comprado para pagarte aquella con la que me recibiste el mismo día que llegué de regreso a México ahora que nos viéramos ya que habías regresado de África.

Hoy brindo con y por mis muertos.

Ivan Sosa P. 1980 - 2009 †