Decidimos no manejar la parte más polar del viaje. Transitar la Dalton Highway implicaba más retos y riesgos de los que queríamos enfrentar: traer, saber operar y conocer los códigos de comunicación en inglés (aunque parecidos al español, varían) un radio CB; enfrentarnos con camiones circulando como bólidos en sentido contrario, asumiendo, además, que iríamos sobre una carretera parte terracería, parte pavimento casi completamente congelada; tormentas de nieve que impedían ver más allá de 10 metros o te hacen perder la perspectiva aún a plena luz del día. Incluso, los bancos de nieve pueden ser tan altos, que cubren los aludes laterales de la carretera, y perder piso manejando literalmente puede ser, cuando menos una molestia que te haga perder el día entero, cuando más… a -25°C…
Contratamos un servicio completo (transporte, hospedaje, comidas y vuelo de regreso) con Northern Alaska Tour Company (página piterísima; inversamente proporcional a la calidad en el servicio), el operador más fuerte de la zona, y posiblemente el único en invierno. Y tuvimos la suerte que el chofer, Tony, era un tipazo. Gran conocedor de la ruta y sus secretos, que además tenía una gran plática.
La ruta va siempre paralela a la trans-Alaska pipeline; una impresionante obra de ingeniería que sirve para bombear el petróleo extraído desde Prudhoe Bay hasta el sur del estado para su transportación hacia los estados adyacentes¹. La historia reciente del estado de Alaska está sumamente ligada a esta obra, desde su construcción en los 60's hasta su actual operación de cuyo flujo depende una muy buena parte de la producción norteamericana de petróleo. Un dato curioso es que durante la construcción de ésta (considerada la segunda fiebre del oro [negro] del estado), muchas familias de Estados Unidos emigraron hacia Alaska, y para ahorrar de varias formas, compraban autobuses escolares en desuso, los transformabas en casas rodantes y en ellos llegaban, tras cruzar Canadá, a Alaska. De allí viene el famoso autobús casa (y tumba) de Alexander Supertramp, protagonista de la película biográfica Into the Wild (2007).

Antes de que se pudieran construir los puentes, los camiones –de la misma obra– sólo podían cruzar en invierno, cuando los ríos están cubiertos por una capa de hielo de hasta 3 metros. Hoy en día ya no es necesario, los puentes son imponentes y cuidadosamente mantenidos… pero es posible cruzar ríos a pie en esta época del año.


Adentrarse hacia el norte en Alaska había resultado hasta ese momento, una aventura mucho mayor a lo que jamás habíamos esperado. El sólo transportarse entre dos puntos era un reto que en cualquier otro viaje jamás hubiéramos siquiera considerado, pero estábamos allí, en el Yukon, a menos de 150 kilómetros de uno de mis sueños de viaje –otrora– más guajiros: el círculo polar.
El círculo polar es una historia que merece ser contada aparte.
3 comentarios
Coincido, puede haber ahí historia para un libro.
Salu2 desde España.