[...]Por eso, cuando hay mal tiempo y las cosas se ponen duras, el navegante experimentado blasfema –nadie tan proclive a eso como un marino– e insulta a Dios, al mar o a su perra suerte. Nunca al barco.

Arturo Pérez-Reverte, XLSemanal, 12 de julio de 2009


Un poco de contexto: hace esto pues es el barco quien sortea la tempestad, no él (el marino). Esta frase no deriva de una actitud de conveniencia-supersticiosa (jamás insultaría al mar). Supongo que en momentos de crisis (dicen que luego los hay) igual y yo tampoco blasfemaría contra mi barco o empleador, pero eso sería fundado razones completamente ajenas a las buenas hechuras de un barco.

Nota: la fecha es con la que está firmada la columna, supongo será impresa el próximo domingo. Ahora no tengo cómo comprobarlo.