No es que suela pasar, pero pasa...
Que empieces con sólo cuatro Voll Damm en el bar de la esquina.
Que termines en una fiesta de rumanos y no entiendas ni un carajo mas que "vodka" a lo cual siempre, sabiamente, respondas con un férreo "sí".
Que empedes con algo que hace sólo unas horas eran pasta de dientes y agua. (Sí, literal, a quien guste luego le explico.)
Que te pregunten algo en alemán, entiendas, contestes (correctamente) en francés, tu pareja en italiano y te den las gracias con un beso.
Que olvides cuántos tequilas llevas y al final el mesero, sólo porque eres mexicano, te regale la cuenta de tu mesa agradeciéndote la existencia del tequila.
Que aprendas a bailar y lo aproveches.
Que sepas siempre cómo llegar a La Fiesta.
Que sepas siempre cómo llegar de La Fiesta a La Casa.
Que a las tres de la mañana te encuentres con un recital gratuito del coro femenino de Girona a las puertas de Liceu.
Que sin saber cómo, llegues al mejor bar que has estado en tu vida, y al día siguiente que quieres regresar no tengas ni idea ni cómo llegar ni con quién fuiste la noche anterior y cuando lo recuerdes todo, el bar haya cerrado por tiempo indefinido.
Que conozcas a la mujer de tu vida y escribas mal su teléfono. Lo vuelvas a conseguir, vuelva a ser la de la primera vez y a pesar de eso, nada funcione.
Que de la nada te quedes platicando 4 horas sentado en la banqueta, tomando unas cuantas botellas de vino o cerveza, escuchando historias de vidas ajenas tan parecidas a la propia.
Que te des cuenta que tu amigo es un carterista.
Que salgas vivo de la Xampanyeria y abuses de tu suerte siguiéndola en el bar de La Negra.
Que tengas frío estando en la playa a medio día.
...
Sí, todo esto, en Barcelona, puede pasar...