Me atrevo a plagiar en cualquier sentido de la palabra, las siguientes líneas.

[...]tuve una pasión desmedida por ese paralelepípedo rectangular construido por papel, cartón y tinta, llamado libro. Un culto que me llevó a excesos suicidas, que ha obligado a los actos más temerarios y que atentó contra mi bolsillo de forma irracional y despótica. Siempre comprendí lo que sienten los apostadores de carreras al pasar los torniquetes del hipódromo, los jugadores de ruleta, los adictos a cierto tipo de drogas; el regocijo que me producía y me sigue produciendo hoy entrar a una «librería de viejo» me permite comprender esas cárceles de placer que son los vicios excluyentes, los estados de éxtasis, de profunda y hermosa esquizofrenia en los que el mundo deja de ser esa perentoria y ruidosa para convertirse en el espacio único del deseo del capricho impostergable, y anularse enseguida por detrás del ansia satisfecha.
De "Vida Feliz de un Joven llamado Esteban", Santiago Gamboa. Una de las tantas notas coleccionadas en la moleskine.